Analisis Blanco

Comunidad dedicada a los fanáticos más fieles del Real Madrid.

Por momentos se me olvida lo grande que es el Real Madrid. En la ida de la Supercopa para mi fue como si las últimas dos ligas no hubieran existido, vi un equipo lento, sin ideas. Pero en este deporte hay partidos que se los gana sin fútbol, hay goles que mete la historia, la garra, los colores. Así ganó el Madrid hoy.


Empezó el partido con un fútbol bastante cortado, con ambos equipos bien cerrados atrás, y los locales, por naturaleza y por el resultado que tenían en la espalda, buscando más el gol. Pero el fútbol aveces es ingrato y otorga méritos inmerecidos. El Valencia ganaba con golazo de Silva y agarraba confianza, mientas que el Madrid tardaba en reaccionar. El que más se desgastaba en el intento de empatar era Van der Vaart, y estaba prometiendo su presentación oficial con la afición local. Pero como todo holandés, por encima de la caballerosidad está la entrega, y en una acción Rafa entregó demasiado. Casi lo parte en dos a Mata, y a las duchas. Su camiseta blanca se iba haciendo gris en el eterno camino al vestuario.

En el segundo tiempo, a los pocos minutos una mano flamante en el área del Valencia le dio el empate al Madrid. Ruud reventó las redes desde el punto penal como sólo él sabe. El aire en el estadio se volvía menos espeso para los de blanco, pero duró poco. Una entrada inoportuna del autor del penal lo envió a sentarse junto a Rafa. Van Nistelrooy cabizbajo, impotente, no le quedó más que salir de la cancha y dejar a su equipo con 9.

Yo no me lo creía. Es que no podía acabar así. Me lo decía un presentimiento, me lo decían mis amigos en la pequeña peña madridista que tenemos, algo estaba equivocado, simplemente no encajaba. Y efectivamente, cuando hay dudas siempre salen los grandes a despejarlas. Diarra revienta el poste con un cabezazo, y Ramos clava el segundo. El estadio y el Valencia se vinieron abajo. Regresaban las gloriosas remontadas a la casa blanca, y la fiesta recién empezaba.

En un contragolpe en que el Madrid agarró a los visitantes descolocados, un verdadero pincelazo de De la Red sentenció el partido. El canterno se consagró con la afición, y convenció a todos los que no creíamos en él. Finalmente, cerró a lo grande nuestro goleador dorado, ese que es como el champán, sólo presente en las grandes ocasiones. El Pipita Higuaín aprovechó un error de la defensa y nos hizo idolatrarlo aún más.

Era 4 a 1 con nueve en cancha, pero nueve gladiadores, incansables, CAMPEONES. Morientes descontó con pase de Villa, pero el final ya estaba escrito. El Supercampeón era el Real Madrid.

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